Hablemos del 3 de febrero

Escribo esto desde la comodidad de mi apartamento enano en Frankfurt, Alemania. Escribo esto alejadísimo de mi patria, pero siempre pendiente de lo que flota en la sección política salvadoreña de las redes sociales, que parece que a una semana de las elecciones presidenciales están más repletas que nunca de opiniones que a este punto en la campaña, seamos honestos, ya no importan. Todos (espero) ya tomamos una decisión puntual sobre el 3 de febrero. Hoy quiero hablarles de la mía.

Si me quieren categorizar por ideología política, yo soy bien de izquierda. No hablo de los liberales en sus veintitantos que ven en Twitter burlándose de la Sara Larín que al final van a votar por Arena, al igual que ella. Yo soy de la izquierda a la que el FMLN engañó dos gobiernos seguidos; la izquierda que en el 2019 no tiene lugar en El Salvador porque nadie se lo quiere dar. Hugo y Karina tienen propuestas que apelan a mí, porque son del FMLN y saben cómo apelar a mis criterios de manera que el resto de partidos (porque todos los demás con candidato presidencial son claramente de derecha) no pueden, o mejor dicho, no quieren. Sin embargo, no votaré por el FMLN. Por dos gobiernos la cúpula del FMLN permitió que se abusara del sistema para beneficiar sus propios bolsillos, sea en casos como el caso Funes o el #Petrofraude. Además, mostraron renunciar a sus valores en cuanto a la represión en las cárceles salvadoreñas y en contra de las pandillas a partir del gobierno de Sánchez Cerén. Bajo este último gobierno del FMLN se han dado casos de abuso por parte de la PNC que no deberían ser aceptados en ningún país, mucho menos uno gobernado por un partido de supuesta izquierda. De lo único que no me puedo quejar de este gobierno del FMLN es que dieron uniformes y zapatos a niños que los necesitan, lo cual si subió la cantidad de niños que asisten a clases, a pesar de la fallida promesa de aumentar el presupuesto de educación al 6% del PIB (cosa que ahora Hugo anda proponiendo de nuevo). Del ’92 hasta ahora, en algún lado el FMLN perdió el rumbo y no sé si lo recuperará bajo el mismo liderazgo. Por eso no les daré mi voto.

Tampoco significa que votaré por Arena. Comparto la opinión con una gran mayoría de los salvadoreños que el bipartidismo ha sido en parte culpable por lo atascados que estamos como país en vías de desarrollo. No planeo renunciar a mis ideales para mantener ese sistema en el país. Digo renunciar a mis ideales porque no hay manera en la que yo podría votar por Arena con consciencia limpia. Entre el FMLN y Arena, por lo menos se puede medio ver que los resultados de las elecciones de diputados y alcaldes del año pasado asustaron al FMLN; mandaron a Hugo y no a Gerson a pelear. Arena sigue siendo la misma. Sigue siendo la misma Arena a la que le mencionas el Mozote y te dicen que hay que “olvidar el pasado”, la misma Arena que sigue sin estar dispuesta a investigar profundamente el asesinato de San Romero, la misma Arena cuyo alcalde en Santa Tecla rehusó disculparse cuando sus agentes del CAM mataron a un vendedor, la misma Arena que (junto a los demás partidos de la Asamblea Legislativa) eligió a Raúl Melara de Fiscal General de la República, a pesar de haberlo tenido en el mismo escenario que Calleja cantando el himno del partido un par de meses antes. Lo siento, Interiano y compañía, pero si reinventar el partido es poner a un candidato bonito que habla bien el inglés y pretender que “lo que pasó pasó entre tú y yo” es la mejor política para cerrar cicatrices históricas en el país, ustedes no son el partido para mí. Pero no se preocupen, que en mi burbuja social de colegios privados sobra gente que se lo cree y se lo seguirá creyendo. Cosa de estatus, supongo.

Si estas elecciones fuesen iguales a las del 2014 aquí terminaría mi texto. Ya hablé del Frente y ya hablé de Arena. Porque en el 2019 la tendencia política global es que todo lo que puede suceder va a suceder, hay un candidato más por el que podría votar, uno que según la mayoría de encuestas ganaría en primera vuelta, algo casi imposible en El Salvador. Pero antes de hablar de él, quiero contarles sobre Josue Alvarado, Vamos y el chiste de estas elecciones, porque siempre tiene que haber uno. Saludos cordiales al candidato que sugirió comer algas marinas en el 2014. Tiempos más simples.

Vamos es parecido al movimiento Nuevas Ideas-Gana en el sentido que ambos tienen la estrategia de plantearse como partidos políticos apolíticos. Recuerdo una pancarta de Vamos que leía “ni de izquierda, ni de derecha”. Si, el partido cuyo candidato presidencial fue un pastor evangélico donante del partido Arena no tiene ideología política. Claro. Olvidemos también que cada propuesta que han tenido ha sido estrictamente de derecha (a veces presentadas con retórica del conservadurismo más antiguo posible) o populista en la manera más descarada posible, como cuando en el “debate” de candidatos a la vicepresidencia el candidato de Vamos afirmó que bajo un gobierno Vamos se abrirían las puertas a la creación de una CICIES; un último intento para aparentar ser diferentes a los otros dos partidos sentados en esa mesa: el FMLN y Arena. En si, no tengo mucho que decir sobre Vamos. Me parece un partido que nació de alguien que quiso aprovecharse del hartazgo general de la población salvadoreña, pero fracasó rotundamente en el marketing de su producto, a diferencia del candidato del cual todavía no he hablado. Para que me entiendan, les dejo este anuncio de Vamos y me dicen (por favor) si no parece una parodia de la realidad política del país. Será la última vez que escribo sobre Vamos en mi vida, porque no hay manera que van a querer seguir con esta farsa hasta el 2021 o el ’24. Aquí le murió el capricho a Josue Alvarado de ser presidente y nosotros lo matamos.

El chiste se cuenta solo. Gracias, Josue.

En el caso del FMLN, Arena y Vamos puedo hablar de los partidos en su totalidad. En el caso del siguiente candidato es un poco más complicado el asunto. Nayib Bukele, reconocido internacionalmente por tener Twitter y ser cool, es el candidato a la presidencia por el partido derecha GANA. GANA nació de una separación dentro del partido Arena durante la presidencia de Tony Saca, que mientras escribo esto debe estar gozando de su tiempo preso. Bukele comenzó su carrera política en las elecciones a alcalde de Nuevo Cuscatlán del 2012, como candidato del partido izquierda FMLN. Con ese mismo partido apuntó a ganar la alcaldía de la capital del país en el 2015 y lo logró. Fue expulsado del partido de izquierda en el 2017 por ser demasiado crítico ante las decisiones tomadas por la cúpula del FMLN. En el 2018 intentó fundar su propio partido, Nuevas Ideas, pero fracasó. A base de eso se inscribió al partido centro-izquierda Cambio Democrático, pero éste fue cancelado por el Tribunal Supremo Electoral a base de falta de votos a favor del partido en las elecciones legislativas y de alcaldes del 2018. Así es como Bukele acabó inscribiéndose en el partido GANA en el último momento posible, sorprendiendo incluso a uno de los miembros más reconocidos (y más corruptos) del partido, Guillermo Gallegos, quien mostró rencor en Twitter al enterarse de la candidatura de Nayib en GANA.

lol

Espero se hayan sentido igual de confundidos al leer ese último párrafo como yo me sentí viviéndolo. Bukele uso cada opción posible para llegar a una candidatura presidencial hasta que por fin pudo. Pasó de izquierda, a centro-izquierda, al partido en el cual Gallegos ha estado peleando por la pena de muerte para pandilleros por años. ¿Qué clase de gobierno debo esperar de él? Aquí regresamos a la idea que mencioné brevemente al hablar de Vamos: partidos políticos que se presentan como apolíticos. En el caso de Bukele le funcionó, porque su base argumenta que a GANA se le está utilizando como vehículo para llegar a la presidencia. Se le cae el populismo al pensar que quizás GANA lo está usando a él como vehículo para llegar a la presidencia. Favores, como los que les hago a mis amigos, no existen como tales en la política, mucho menos la salvadoreña. La inscripción de Nayib Bukele en GANA, por lo tanto, no es un favor, es un intercambio de bienes.

Muchos de Arena critican a Bukele por asociarse con GANA, por la conexión del partido a Tony Saca, al igual que a Mauricio Funes (específicamente por los #AudiosPresidenciales), quien se encuentra en Nicaragua como prófugo de la justicia. Lo que me parece curioso a mí es que nunca lo critican por sus conexiones a Herbert Saca, alguien, que a diferencia de Tony y Mauricio, todavía tiene mucha influencia en la política salvadoreña. El Faro publicó un artículo en el cual se probó la existencia de una relación entre Bukele y H. Saca a base del préstamo de una camioneta blindada usada por el mismísimo Tony Saca. Si eso es poco, el mismo periódico también publicó conversaciones entre el ex-fiscal Luis Martinez (también preso) y Bukele. Considerando que durante su tiempo de alcalde en San Salvador también pactó con pandillas, al igual que el FMLN y Arena ante las elecciones del 2014, debemos, como pueblo salvadoreño, hacernos la pregunta: ¿qué tan diferente es Nayib Bukele de los mismos de siempre? ¿Lo es?

El problema con plantear esa pregunta en las redes sociales es que la base de Nayib Bukele está de verdad convencida que él será el salvador de El Salvador. A diferencia de los otros partidos, Bukele y sus seguidores tienen la ventaja de poder presentarse como victimas del sistema bipartidario que ha guiado al país a donde estamos ahora. Y es cierto. La gran mayoría de salvadoreños hemos sido victimas de ese sistema, de alguna manera u otra. El problema surge de la utilización de ese argumento para minimizar cualquier crítica lanzada a Bukele. Es una crítica válida que su pacto con las pandillas en San Salvador lastimó a los vendedores que él intentó proteger con el Mercado Cuscatlán, es una crítica válida que Herbert Saca es de los financistas más prominentes de GANA y que es conocido por haber apoyado a dos presidentes que ahora están presos o son prófugos, es una crítica válida que no pudo esperar al 2024 para participar bajo Nuevas Ideas, quizás para entonces un partido político con representación legislativa. La victimización como herramienta electoral le ha funcionado de maravilla, y lo más probable es que él será nuestro futuro presidente gracias a ello. Me parece una lástima, porque honestamente pienso que las víctimas hemos sido nosotros, los que hemos visto a Bukele surgir como una nueva esperanza en la política en el 2012 y acabar como candidato de GANA apoyado por Herbert Saca en el 2019. Como cambian las cosas, vá.

Si fuera mi intención repetir cada crítica hacia Bukele en este texto nunca terminaría. Ni siquiera he hablado de cómo le sacó el dedo al proceso electoral a no haber participado en un solo debate o una sola entrevista con medios legítimos de El Salvador, acusándolos a todos de tener intereses partidarios. Tampoco he mencionado lo peligrosa que es su narrativa de un fraude en su contra, considerando que tiene meses de estar anunciando que ganarán en primera vuelta. ¿Qué pasa si no? ¿Es fraude automático o solo vendieron esa idea en redes sociales para crear una narrativa falsa de “underdog”? Son temas que gente más educada y con más experiencia en el ámbito político de El Salvador ya han tocado y les dejaré un par de opiniones sobre Bukele que también comparto, solo que escritas mejor que lo que yo hago en este espacio.

Como probablemente piensan a este punto, yo quisiera anular mi voto. Quisiera ir a hacer cola en el calor del domingo 3 de febrero a escribir “404: soluciones para los problemas estructurales del país not found”. Sea cual sea su opinión política o su lealtad a algún partido, todos tenemos que admitir que nadie está haciéndolo bien. Nadie ha presentado ideas remotamente coherentes en el contexto del país. Nadie ofreció ideas productivas en cuanto a la migración, todos dijeron que hay que convencerlos de quedarse. Okay, pero, ¿qué hacemos con los que ya se fueron? ¿Cómo planean negociar por nuestros hermanos lejanos con el gobierno de Donald Trump? ¿Qué medidas van a tomar contra las pandillas en El Salvador? ¿Se intentará la recuperación de territorios? ¿Se seguirá militarizando la PNC? ¿Cómo planean mejorar la situación en los centros penales en el país? ¿Les importa hacerlo? ¿Es posible tener una CICIES como la CICIG en Guatemala? ¿Lo permite nuestra constitución? ¿Cómo hacemos que nuestros niños sigan yendo a clases? Estas y miles preguntas más son las que quisiera haberles hecho a todos los candidatos. Estos son los temas que se deberían tocar en la campaña electoral en un país como el nuestro. Entiendo, de verdad, como un tren que se atraviese toda Centroamérica suena prometedor. Disfruto de algo así en Alemania y como quisiera disfrutar de eso en mi país, pero esa no es una prioridad y tampoco una meta lógica para el siguiente gobierno que entre a Casa Presidencial. Quien sea que gane el 3 de febrero debe saber en el fondo de su cerebrito que las propuestas mediocres que se presentaron a lo largo de la campaña no van a mantener al país a flote por mucho tiempo. Las crisis que corroen a El Salvador solo van a seguir empeorando. Espero estar equivocado, pero dudo estarlo.

Para concluir esta larga forma de catarsis electoral, les dejo este poema de Roque Dalton que quizás algún día deje de ser relevante en El Salvador:

Gracias.


Aquí les dejo los links que les prometí. Recomiendo bastante la nota de Roberto Valencia para el New York Times, por si piensan que los medios de El Salvador están comprados.

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